Qué es un KPI: ejemplos para pymes
Un KPI es un indicador ligado a un objetivo que te dice si tu empresa va por buen camino. Te damos ejemplos para pymes y los que usamos nosotros.
¿Qué es un KPI?
Un KPI (del inglés key performance indicator, indicador clave de rendimiento) es una medida que te dice si tu empresa avanza hacia un objetivo concreto. No es cualquier dato: es uno de los pocos números que la dirección revisa con regularidad porque, si se desvía, obliga a tomar una decisión. Por ejemplo, la facturación del mes frente al objetivo, el margen de cada proyecto o los días que tardan tus clientes en pagarte.
La diferencia con una métrica cualquiera está en la palabra «clave». Una empresa puede medir cientos de cosas (visitas a la web, correos enviados, llamadas, pedidos), pero solo unas pocas están ligadas directamente a sus objetivos. Esas son sus KPI; el resto son métricas de apoyo que ayudan a entender por qué un KPI sube o baja.
Qué tiene un buen KPI
Un buen KPI tiene un objetivo con el que compararlo (no basta con saber que facturaste 20.000 €; necesitas saber si esperabas 18.000 o 25.000), una periodicidad (semanal, mensual o trimestral), una fórmula clara que todos calculen igual y una persona responsable de seguirlo. Sin esos cuatro elementos, el número se mira, pero no se gestiona.
También conviene distinguir entre los indicadores que miran atrás y los que anticipan. La facturación del mes pasado ya no se puede cambiar; el valor de las oportunidades abiertas en tu embudo de ventas te avisa de cómo puede ser la facturación de los próximos meses. Una pyme necesita de los dos tipos.
En este artículo
Verás ejemplos de KPI para pymes, los que seguimos en Devyond, un error contable que cometimos al empezar y cómo elegir los tuyos sin caer en las métricas de vanidad.
Ejemplos de KPI para pymes
Los KPI dependen de cada negocio, pero en casi todas las pymes aparecen indicadores de cuatro áreas. En finanzas: facturación frente a objetivo, margen bruto, ingresos y costes del periodo, plazo medio de cobro y meses de caja disponible (cuántos meses podrías cubrir tus costes fijos con la tesorería actual). En ventas: oportunidades abiertas y su valor, oportunidades ganadas y perdidas, tasa de conversión de propuesta a venta y ticket medio.
En operaciones, depende de lo que hagas: plazo de entrega, pedidos servidos a tiempo, incidencias, rotación de inventario o, en una empresa de servicios, horas reales frente a presupuestadas. Y en clientes: repetición, cancelaciones, satisfacción y concentración, es decir, cuánto pesa cada cliente en tu facturación.
Algunas fórmulas útiles
El plazo medio de cobro se calcula, de forma simplificada, dividiendo el saldo medio que te deben los clientes entre las ventas del periodo y multiplicando por los días del periodo (365 si es un año). Te dice cuántos días pasan, de media, entre que vendes y cobras, y es uno de los indicadores que más influyen en la caja de una pyme.
La concentración de clientes es el porcentaje que representa cada cliente, o los tres mayores, sobre la facturación de un periodo. La desviación de un proyecto es la diferencia entre las horas o el coste reales y los presupuestados, en porcentaje sobre lo presupuestado. Son cálculos sencillos que, una vez automatizados, se consultan en segundos.
Empieza por la caja
Si solo puedes seguir un grupo de indicadores, empieza por los financieros: facturación frente a objetivo, plazo medio de cobro y meses de caja. Suelen ser los primeros en avisar de un problema serio.
Los KPI que seguimos en Devyond
Devyond es una empresa pequeña y nuestros KPI también lo son: pocos y muy ligados a la caja. Nos marcamos objetivos de facturación mensuales con vistas a 6–12 meses, y nuestro seguimiento principal es comprobar, mes a mes, que los cumplimos: facturación objetivo frente a conseguida, costes y plazo medio de cobro. Este último lo tenemos muy bajo, porque nuestros clientes suelen pagar prácticamente al contado.
En ventas miramos dos cosas: las oportunidades abiertas y las cerradas. Sobre todo, revisamos que el pipeline (el conjunto de oportunidades en curso) cubre los objetivos de los próximos meses y que la ejecución de los proyectos va al ritmo previsto. Como trabajamos por proyectos y no tenemos una recurrencia continua, también miramos cuánto pesa cada cliente en la facturación de los últimos 6 y 12 meses, para detectar a tiempo si dependemos demasiado de uno.
Horas presupuestadas frente a reales
Lo que vendemos, en el fondo, son horas de trabajo de personas, aunque herramientas de IA para programar como Claude Code empiezan a desligar la productividad del número de personas. Por eso, en los proyectos a precio cerrado comparamos las horas presupuestadas con las reales y calculamos la desviación. Es el indicador que mejor nos dice si un proyecto ha sido rentable y si estamos presupuestando bien los siguientes.
Todo lo llevamos en Holded, nuestro programa de facturación y contabilidad, y también lo consultamos con IA conectada a él. Desde ahí controlamos la tesorería: previsión de facturación, de ingresos, de cobros y de pagos, para asegurarnos la caja de los próximos meses.
Sin paneles que nadie abre
Para una empresa de nuestro tamaño, unos pocos indicadores bien definidos y revisados cada mes valen más que un panel con cincuenta gráficos que nadie abre. Cuando la empresa crece o los datos están repartidos en varios sistemas, es cuando un cuadro de mando a medida que los reúna empieza a compensar.
Ingreso, factura y cobro no son lo mismo
Uno de nuestros KPI principales es el ingreso contable del mes, y ahí cometimos un error de novato. Teníamos claro que ingreso y cobro son cosas distintas: puedes haber obtenido un ingreso y cobrarlo meses después. Lo que no teníamos claro era cuándo computar como ingreso el trabajo de una factura. Y no es un detalle: si cuentas el ingreso cuando facturas, un mes con dos facturas grandes parece excelente y el siguiente, desastroso, aunque el trabajo realizado haya sido el mismo.
En España, desde 2021, el Plan General de Contabilidad (reformado por el Real Decreto 1/2021) y la Resolución del ICAC de 10 de febrero de 2021 establecen que el ingreso se reconoce cuando la empresa transfiere al cliente el control del bien o del servicio. Ni la fecha de la factura ni la del cobro marcan, por sí solas, ese momento.
Qué pasa con los servicios
En muchos servicios el control se transfiere a lo largo del tiempo: por ejemplo, cuando el cliente recibe el beneficio a medida que se presta el servicio, o cuando se desarrolla para él un activo específico, sin uso alternativo, y la empresa tiene derecho a cobrar el trabajo hecho hasta la fecha. En esos casos, el ingreso se reconoce según el grado de avance, que puede medirse por lo producido (por ejemplo, hitos alcanzados) o por los recursos empleados (horas o costes incurridos frente a los previstos). Si el avance no se puede medir razonablemente, solo se reconoce ingreso hasta el importe de los costes incurridos que se espera recuperar.
Nuestra práctica es dividir los proyectos en hitos y comprobar cada mes si cumplimos el objetivo de ingresos contables, no el de facturas emitidas. Qué criterio encaja con cada contrato lo debe confirmar tu asesoría: esto no es asesoramiento contable, solo nuestra experiencia.
Por qué importa para tus KPI
Si tu KPI de ingresos sigue la fecha de facturación, tus meses buenos y malos reflejarán cuándo facturas, no cuánto trabajo has hecho. Habla con tu asesoría sobre el criterio que aplicáis y mide tus ingresos con ese mismo criterio.
Cómo elegir tus KPI (y evitar las métricas de vanidad)
Nuestro criterio para elegir KPI cabe en cuatro palabras: pocos, con responsable, automatizados y accionables. Pocos, porque con demasiados indicadores la dirección pierde el foco; entre cinco y diez suele ser manejable. Con responsable, porque un número que es de todos no lo sigue nadie. Automatizados, porque si cada mes hay que montar el dato a mano en una hoja de cálculo, acabará llegando tarde o dejará de calcularse. Y accionables, porque si un indicador cambia y no sabes qué harías distinto, no es un KPI.
Para empezar, parte de tus objetivos del año (facturación, margen, caja, número de clientes) y pregúntate qué indicador te avisaría antes de que cada uno se desvíe. Ese suele ser tu KPI.
Las métricas de vanidad
Las métricas de vanidad son las que quedan bien en una presentación, pero no ayudan a decidir: seguidores en redes sociales, visitas totales a la web, descargas de una aplicación o número de correos enviados. No son inútiles, pero por sí solas no dicen si el negocio va mejor. Diez mil visitas que no generan ni una solicitud de presupuesto valen menos que doscientas que generan cinco.
La prueba es sencilla: si el número sube, ¿ganas más, gastas menos o tienes clientes más satisfechos? Si la respuesta no está clara, es una métrica de apoyo, no un KPI.
De la hoja de cálculo al cuadro de mando
Cuando los datos están en varios sistemas (ERP, CRM, facturación, web) y reunirlos a mano se come horas, compensa conectarlos y verlos en un cuadro de mando. Es lo que hicimos con una proptech de inversión inmobiliaria de Valencia: una base de datos central conectada con su ERP, su CRM y su plataforma, y encima un panel interno con KPI, más de 50 gráficos en tiempo real y un ahorro del 30 % del tiempo de gestión. Puedes verlo en el caso del panel de gestión conectado a ERP y CRM.
Pocos, claros y automatizados
Un KPI es un indicador ligado a un objetivo, con responsable y con consecuencias si se desvía. Para una pyme, unos pocos indicadores de finanzas, ventas, operaciones y clientes suelen bastar para empezar, siempre que se calculen igual cada mes y, si es posible, de forma automática. Y en los ingresos, mide con el criterio contable que te confirme tu asesoría, no con la fecha de la factura.
Siguiente paso
Si tus datos están repartidos entre varias herramientas y quieres ver tus KPI en un solo sitio, te ayudamos con un cuadro de mando a medida o con una consultoría de datos y BI para decidir qué medir. Puedes ver todo lo que hacemos en datos y business intelligence.
¿Lo vemos juntos?
Cuéntanos qué números miras hoy y de dónde salen, y te diremos qué indicadores tendría sentido automatizar primero.
